Zidane: dimisión o dimisión

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Zinedine Zidane, durante el partido ante el Villarreal. Kiko HuescaEFE

A Zidane no le queda más remedio que dimitir o dimitir. El Madrid ya ha llamado a las puertas del infierno, con un juego retrógrado, lento, tortuoso, con una estrella como Cristiano Ronaldo que recuerda a la de Billy Wilder en “El Crepúsculo de los Dioses”. Tampoco se puede ya esperar nada de nuestro “domador de tortugas” favorito, que se ha convertido en un personaje patético, que culpa a cualquier pájaro como de mal agüero que vuele en sus cercanías para echarle la culpa de sus males, que no son otros que su orfandad intelectual con el fútbol, su absoluta falta de imaginación, pero que durante año y medio le sirvió para ser un gran relaciones públicas con sus jugadores. Y morirse de gloria o inmortalidad.

Pero estos ya no le hacen caso. Saben que sus consejos son mediocres, desconcertantes. La última “boutade”,en el lance con un discreto Villarreal, fue cuando se le ocurrió quitar a Bale, que era el único que deba la sensación de que podía crear una ocasión de gol o incluso marcar. Lo defenestró y dejó salir a Lucas Vázquez , que no será nunca jugador para un equipo gigante, pero ZZ tenía que premiarle, porque el otro día con el Numancia fue el único que hizo algo.

Si me preguntan que puede suceder en el momento actual madridista… Aunque tanto Florentino Pérez como su “valido” José Ángel Sánchez están hasta las narices de las ideas o despropósitos de Zidane, lo cierto es que se han convertido en rehenes de los éxitos de Zidane. No se atreverán a expulsarle como capitán de un trasatlántico a la deriva y tampoco tiene cierta seguridad de ofrecerles los nuevos fichajes, porque se los ha despreciado.

Peor todavía es que el francés sufre de un ejemplo claro y persistente de “Solipsismo”, en su propia creencia metafísica, de lo que él no crea o piense, no existe. Un estado mental catastrófico, aunque hacer filosofía con este héroe de Bejaia, de Argelia, es como soñar con San Agústin y pretender como aquel niño de meter todo el agua en un hoyo. Es tratar de comprender en una mente el misterio de Zidane y sus frases de que el Madrid no está mal, que es una invención de los trogloditas.

No quiero volver a repetir los pecados de este Real Madrid, en los que he insistido durante los últimos cinco meses, mientras soportaba toda clase de improperios por eso “casposos”. El Madrid actual que es un equipo de tortugas, con un sistema que, que sobre todo en casa, haría fracasar al mismísimo dios Di Stéfano. Sin velocidad, sin garra, un disparate táctico que puede llevarle al Madrid al infierno de poder quedarse sin Champions, como este visionario siga en el banquillo.

Uno reniega de que Kroos, Modric , Marcelo, Varane, Isco , Asensio estén ya amortizados. Pero es como si vivieran en el limbo.

Seguro que en lo único en que piensan en la Casa Blanca es en esperar en un milagro repetido, como en aquel mayo del 2006, en Zidane dejó el Real Madrid, precisamente en un partido contra el Villarreal, que por cierto no había ganado en el Bernabéu . Zidane podría regalar el milagro de su dimisión, por el bien del campeón del mundo.

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