Puigdemont y el 'procés', en vía muerta: sin calendario y con división en todos los frentes

La silla del presidente del Parlament, vacía a la hora en que debía comenzar el pleno QUIQUE GARCÍAEFE

Una vez celebrado el pleno suspendido, habrá dos meses hasta el próximo. Pasado ese tiempo se abre la puerta a las elecciones

La estrategia de Carles Puigdemont, obstinado en no apartarse, condujo ayer al ‘procés’ soberanista hasta el mayor callejón en el que nunca se ha encontrado y del que nadie en el independentismo sabe salir. No existe un calendario claro y las negociaciones entre ERC y JxCAT parecen, por el momento, atascadas.

Con su empeño, además, el president cesado ha unido su futuro al del proceso y, en paralelo, se ha situado, a sí mismo, en una vía muerta política, legal y personal. Sigue sin tener cargo institucional, ha dinamitado la frágil unidad del independentismo y nada se sabe sobre si tiene pensado, o no, regresar a Cataluña.

‘Impasse’ con fecha de caducidad

El giro en el guión que imprimieron ERC y el presidente del Parlament, Roger Torrent, ha abierto un plazo de total incertidumbre en la cámara catalana y para Puigdemont. Al evitar desobedecer al Tribunal Constitucional, y en paralelo mantener la candidatura de Puigdemont, Torrent se ha visto empujado a una situación nunca vista, el aplazamiento unilateral de una investidura por el presidente de la cámara.

Tan exótica resulta que los letrados del Parlament preparan un informe que clarifique con qué calendario se debe trabajar a partir de una situación inédita. El plazo para celebrar el debate de investidura caduca este miércoles, 31 de enero. En una situación normal, y tras no lograr una investidura, la cuenta atrás da hasta dos meses para convocar otro pleno. Al finalizar ese plazo, es cuando se convocan elecciones de forma automática. La duda en Cataluña está ahora en conocer cuándo comienza a correr esa cuenta atrás. Torrent ha pedido a los abogados que presenten un recurso ante elTC y lo más probable es que espere hasta conocer su destino para convocar otro pleno.

Limbo personal

El plan de Puigdemont se basa en un axioma: nunca revelar, con algún grado de veracidad, si piensa o no regresar en algún momento a España. Una fórmula que ha plasmado con gestos rayanos en las ‘fake news’ como publicar fotografías de Barcelona como si se encontrara en la ciudad. Todo ha resultado ser falso, pero esa condición le ha permitido jugar con el Gobierno y con el resto de partidos independentistas. A las escenas de agentes de Policía y Mossos registrando coches en la frontera y cerca del Parlament, ayer se sumó el enfado de ERC, una de las razones por las que Torrent desistió de seguir adelante: Puigdemont no ha informado ni a sus socios sobre si piensa volver. Ayer no sabían ni siquiera si pensaba estar en el Parlament para afrontar el debate.

La CUP dinamita la mayoría

Una de las incógnitas sobre las que aún se sustenta el procés es si la sangrante división entre los partidos acabará por ser insalvable. La CUP fue ayer, de nuevo, la más explícita en ese aspecto y apuntó hacia la implosión total si no se cumplen todas sus exigencias. Los antisistema no negociarán ni apoyarán a ningún otro candidato que no sea Puigdemont, no por afinidad ideológica -que no la tienen- sino por desobedecer al TC y poner en marcha «la legalidad republicana». Si finalmente Puigdemont se apartara y JxCAT y ERC acordaran otro candidato, limpio de causas judiciales, el panorama en el Parlament sería igual de frágil. Sin los antisistema, la mayoría absoluta parlamentaria independentista pasaría de los 68 actuales a los 64 diputados. El candidato podría vencer en segunda ronda de votaciones -cuando sólo es necesaria una victoria simple-, aunque como se evidenció ayer, las relaciones entre ambos grupos están muy maltrechas. Pese a ello, ayer se retomaron las negociaciones.

División también en JxCAT

La división a causa de la persistencia de Puigdemont también ha alcanzado a su propia lista. En el PDeCAT, partido heredero de CDC y al que pertenece el president cesado, la decisión de Torrent fue acogida con agrado. Fuentes de la directiva de partido aseguraron que estaban «de acuerdo con el aplazamiento de la investidura ante los últimos acontecimientos». Sin embargo, avisaron a ERC de que no puede ser sine die. Los neoconvergentes también coinciden con ERC en mantener en público su apoyo a Puigdemont «hasta el final» pero trabajar en otra salida, un ‘plan B’. También como los republicanos, también esperan para conocer cómo pretende JxCAT afrontar la investidura.

Frágil constitucionalismo

Otra de las pocas certezas del soberanismo es que, al otro lado, carecen de rival real. Ciudadanos y PP siguen enfrentados por la negativa de los prmeros a ceder un escaño a los populares, que les retan a presentar candidatura a la presidencia pese a que nacería muerta.

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