Los ultras no se han ido del fútbol español

Ultras del Sporting se enfrentan a la Policía, en septiembre pasado. TUERO-ARIAS / MARCA

Pese a que sólo nueve grupos aparecen en el listado de Antiviolencia, son muchos los que siguen protagonizando incidentes cada semana.

“La Comisión no hace cumplir la ley y se pone de perfil. El Observatorio contra la violencia en el deporte no se reúne desde hace muchosaños”, explica Esteban Ibarra, presidente del Movimiento contra la Intolerancia

Conversación de Whatsapp. Jueves por la mañana.

-Hola, ¿cómo estás? ¿qué pasó ayer? ¿hubo lío otra vez?

-Sí, pero es injusto que se relacione al Frente con eso. El que apuñaló no pertenece al Frente.

-Bueno, pero cuéntame algo más.

-Por aquí no, no me fío mucho de los móviles.

En el Frente Atlético, en sus alrededores, el jueves era un día difícil. Corrían, con muchísima cautela, los mensajes, las versiones, las fotos y hasta los vídeos de lo que había pasado media hora antes del Atlético-Sevilla del pasado miércoles en las proximidades del Wanda. La versión del club rojiblanco coincidía: «No eran del Frente». Un Frente Atlético, por cierto, expulsado como peña del club tras la muerte de Jimmy, el ultra del Deportivo de la Coruña (2014).

Esta semana, dos acontecimientos han devuelto el foco hacia los ultras del fútbol. El apuñalamiento en las cercanías del Wanda y la invasión, el pasado martes, de un grupo de Biris -los radicales del Sevilla- del entrenamiento del equipo, logrando incluso conversar con una representación de la plantilla. La pregunta es obvia: ¿se han marchado los violentos de los campos? La respuesta es sencilla: no. Tras la brusca concienciación colectiva que supuso el asesinato de Jimmy, con el Real Madrid emulando al Barça en la extirpación de sus grupos, se había instalado en el ambiente algo parecido al olvido del problema. Y el problema sigue aquí.

Quizá no en los documentos oficiales, pero sí en la realidad de los telediarios. Un informe de la Comisión Estatal contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte (para resumir, la Comisión Antiviolencia) remitido el pasado 6 de octubre a la Federación Española identifica como «grupos radicales y/o violentos» apenas a nueve. Son estos: Frente Atlético (Atlético de Madrid), Riazor Blues (Deportivo), Biris-Biris Norte (Sevilla), Frente Bokerón y Malaka Hinchas (Málaga), Iraultza (Alavés), Ligallo Fondo Norte y Avispero (Zaragoza) y Jove Elx (Elche). De ellos, seis están hoy en Primera División. Eso son los papeles oficiales. Esto, las páginas de los periódicos: 10 de septiembre de 2017: «Los ultras del Sporting, a palos con la Policía». 9 de octubre de 2017: «Varios ultras revientan la manifestación del Día de la Comunidad Valenciana. El juez identifica a 13 agresores, nueve de ellos pertenecen a los Yomus, el grupo de ultras seguidores del Valencia Club de Fútbol». 5 de enero de 2018: «Veinticuatro aficionados radicales del Sevilla y del Betis fueron detenidos la pasada madrugada por la Policía tras una pelea». 17 de enero de 2018, es decir, el pasado miércoles: «El Espanyol prohíbe la entrada a 150 Boixos Nois que iban con bengalas y palos».

Un parámetro curioso

Ni los Boixos Nois (Barcelona), ni los Yomus (Valencia), ni los Supporters Gol Sur (Betis), ni los Ultra Boys (Sporting) ni las Brigadas Amarillas (Cádiz) aparecen en la lista de Antiviolencia y, sin embargo, han protagonizado peleas de extrema gravedad en los últimos meses. ¿Por qué? Antiviolencia, en el informe remitido a la Federación -que esta a su vez envió a los clubes- establece un parámetro para elaborar la lista de grupos violentos. Deben ser «grupos de seguidores que hayan incurrido en las conductas definidas en los apartados primero y segundo del Artículo 2 de la Ley 19/2007 contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte».

En esos apartados se habla, entre otras cosas, de «participación activa en altercados, riñas, peleas o desórdenes públicos en los recintos deportivos, en sus aledaños o en los medios de transporte organizados para acudir a los mismos». Incumplen muchas más conductas, pero sólo ese apartado sirve para ver cómo la lista es excesivamente corta. «El resto de grupos ultras no aparecen en ese listado porque han sido erradicados de los estadios. Por ejemplo, los Yomus como tal no existen, el Valencia tiene una grada fan con todos sus miembros identificados», sostiene una fuente autorizada, conocedora de estos asuntos. Sin embargo, y en teoría, el Frente Atlético tampoco existe como peña oficial del Atlético y, sin embargo, sí está en ese listado. Y también sin embargo, y también en teoría, los Yomus no existen, pero un juez los identificó en los altercados de ese 9 de octubre en Valencia.

«Se ha avanzado mucho. Dentro de los estadios hemos reducido los problemas al mínimo, pero es evidente que tenemos el reto de erradicar la violencia en los alrededores de los campos», explica Alfredo Lorenzo, director de integridad y seguridad de la LFP (Liga de Fútbol Profesional), el organismo que se ha puesto al frente de la lucha contra la violencia con una política de insistencia traducida en denuncias constantes y en, como este jueves, personarse como acusación particular en el caso del apuñalamiento en las cercanías del campo del Atlético.

Una muerte y el silencio

No comparte esa visión Esteban Ibarra, presidente del Movimiento contra la Intolerancia. «Claro que hay un repunte de los ultras. Cuando hay una muerte como fue la de Jimmy, los ultras se sumergen y esperan a que vuelva la aparente normalidad», explica. Cuestionado por esos escasos nueve grupos que aparecen en el listado de Antiviolencia, dice: «La Comisión se pone de perfil y no hace que se cumpla la ley. Trabaja con la información que le facilitan los clubes». Y recuerda que el Observatorio de la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte lleva «muchos años» sin reunirse porque la Comisión, de quien depende, no lo convoca.

Los clubes insisten en que ellos sólo pueden controlar lo que ocurre dentro de los estadios. Algunos -no todos- han instalado sistemas de identificación biométrica. «Somos los únicos con el sistema de huella dactilar y además pide el DNI a los 4.700 de nuestra grada de animación», insisten desde el Atlético. Pero matizan que, si una organización, en este caso el Frente, es legal -sólo un juez puede ilegalizarla-, no pueden hacer más de lo que han hecho.

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