Los mensajes de Puigdemont a Comín: ¿Posado o robado?

Carles Puigdemont interviene por videconferencia en el acto celebrado ayer en Lovaina (Bélgica). Emmanuel DunandAFP

En Bruselas, esta mañana, todo el mundo se hace una pregunta: lo de ayer en Lovaina, los mensajes de la polémica entre los miembros del ex Govern catalán, ¿son posado o robado?

El acto empezó tarde y diezmado. La audiencia, simpatizantes locales de la N-VA, el partido nacionalista flamenco, esperaban a Carles Puigdemont a las 20.00 para hablar de su “conquista” de la alcaldía de Girona en 2011 y las lecciones aprendidas que pudieran ayudar a su favorito, Lorin Parys, candidato para las de Lovaina en próximo otoño. Y sin embargo, el ex president canceló apenas 45 minutos antes, el encuentro se retrasó hasta pasadas las 20.20 y el orador estrella invitado fue el ex conseller Toni Comín. Por si fuera poco, el miembro de ERC, que se defiende don más dificultades en inglés, optó por el francés ante un público lleno de independentistas flamencos, a los que entretuvo durante 27 largos minutos.

Nunca un acto de política local tuvo tanta cobertura internacional en Bélgica. Más de dos decenas de corresponsales y enviados especiales españoles. Cámaras de todas las cadenas de televisión, radios y agencias. Y tras la ausencia de Puigdemont, todos los ojos puestos en Comín. Y en su teléfono.

Al igual que los futbolistas, que cuando charlan en el campo se tapan la boca con la mano, la primera lección que aprende un político novato es que las cámaras lo ven y lo guardan todo, por lo que hay que tener un cuidado extremo, incluso si los objetivos están a decenas de metros. Toni Comín sabía que había mucha prensa, porque de hecho su presencia en el estadio de fútbol donde se celebró la jornada había sido todo un problema. Hasta el lunes por la noche, los medios españoles estaban vetados en el acto. La organización sólo aceptaba a periodistas belgas. Pero tras mucha presión autorizaron finalmente las acreditaciones.

Por eso todos esperaban a Comín cuando entró a la sala y lo acompañaron hasta las primeras filas de la sala. Esta vez no había más protagonistas entre los que repartir la atención. El ex conseller lo sabía, como sabía que estaban todos detrás de él. Y aun así cogió el móvil, abrió los mensajes del ex president y en lugar de inclinarse sobre la pantalla o cubrirla, la dejó totalmente expuesta.

Pudo ser una distracción, un error, pero ni Comín es un político novato, ni el momento era de relajación, ni el contenido era inane. Ni los mensajes acababan de llegar. La captura de pantallas indica que el primero de ellos había llegado 50 minutos antes a su teléfono. Y los siguientes 40 y 29 minutos antes. Comín se sentó pasadas las 20.20 en la sala, así que los textos, a través de la aplicación Signal, fueron enviados bastante antes del comienzo del encuentro. Y aun así, el ex consejero no respondió a su ex jefe a pesar de lo dramático y pesimista del tono. O al menos en su pantalla no aparece ningún intercambio mientras Puigdemont se confiesa, se abre y, decepcionado, manda cada diez minutos sin aparente respuesta entre medias.

¿Traición de Comín? ¿Golpe definitivo de ERC a través de la combinación Torrent-Comín para forzar a Puigdemont a dar un paso atrás? ¿Estrategia desesperada de ambas partes para transmitir que la situación es desesperada y que o es investido o se acabó todo? Las sospechas se inclinan más hacia las primeras opciones, un posad más que un robado.

El equipo de Ana Rosa, que se desplaza todas las semanas a Bélgica desde hace tres meses, captó esos y otros mensajes de un Puigdemont que parece derrotado. ¿Es un movimiento de campaña? Desde octubre Puigdemont comprendió que su futuro pasaba por seguir haciendo ruido y generando atención. Sin partido ni estructura en Bruselas, necesita mantener la tensión y que las cámaras lo sigan. El día de ayer era un ejemplo de libro, pues no había dicho nada, absolutamente nada, tras la decisión de Roger Torrent de posponer la sesión de investidura y las quejas desde Barcelona porque no le cogía el teléfono.

El entorno de Puigdemont consideró que un acto de política local en Lovaina no era el más adecuado para mandar un mensaje a los catalanes. Prefería una “declaración institucional”, grabada, algo que le permitiera manejar los tiempos y evitar preguntas. Pero sabiendo que muchos medios estarían en Lovaina en todo caso.

La relación de Comín con la prensa desde su llegada a finales de octubre es agridulce. Agria con los medios en español y bastante más suave con los medios en catalán o que considera más cercanos. Ayer, como ha hecho una y otra vez estos meses, hizo un aparte con ellos. Es habitual que sólo unos pocos sean convocados para mensajes, declaraciones, entrevistas o simplemente para enviar mensajes (a veces por escrito, a veces directamente audios por Whatsapp).

Comín es también el único de los cuatro consejeros que no ha renunciado a su acta, a diferencia del “sacrificio” de Ponsatí, Serrer y Puig. Sus ambiciones políticas son también mucho mayores que las de ellos. A nadie se le escapó por ejemplo el tono que usó el ex responsable de Sanidad de la Generalitat el pasado mes de diciembre durante su intervención ante los miles de manifestantes que llegaron de Cataluña a apoyar a los “exiliados”. Comín tuvo un papel mucho más protagonista y su discurso, en un tono muy comentado por los decibelios, la pasión y el agresivo lenguaje, dejó a los suyos y a Puigdemont convencidos de que sus aspiraciones podrían ser un problema para la ‘causa común’ en el futuro.

You may also like