Jerónimo Saavedra: “La derecha se ha vuelto inteligente”

SERGIO GONZÁLEZ VALERO

Las Palmas de Gran Canaria, 1936. Dos veces ministro, dos veces presidente de Canarias, alcalde de su ciudad y aún hoy, diputado del común canario, melómano, masón y, quizá, personaje de una ópera austriaca.

¿Es usted el último diputado del 77 que sigue activo?
Creo que sí. Este año nos reunieron a 200 parlamentarios constituyentes que seguimos vivos, pero activos creo que no quedan… El penúltimo era Alfonso Guerra pero lo dejó esta legislatura.

Hábleme de guerristas y felipistas.
Yo entré en la Ejecutiva Federal en 1990. Estaba considerado entre los renovadores porque llegué propuesto por Felipe y me acuerdo de que estuvimos conspirando un poco en la Sierra de Madrid. El único veto que puso Guerra para la Ejecutiva fue Javier Solana. Pero yo estaba en Canarias en esa época, no vivía mucho las tensiones. Y, además, con Guerra coincidía en muchas cosas. En lo cultural, sobre todo. Aunque él presumía de haber popularizado a Mahler… Bueno, yo llevaba hablando de Mahler desde el 78, 79, desde un concierto de Frühbeck de Burgos en el Teatro Real. Y antes, Federico Sopeña fue quien hizo la verdadera campaña por Mahler.

Siempre hubo bromas por el afán de Guerra de presentarse como un hombre culto.
Guerra ha sido un hombre culto, no tengo ninguna duda. Muy buen lector, librero, metido en grupos de teatro…

¿Más culto que Felipe?
Felipe era un gran lector de novelas. Yo, que no soy capaz de leer ni un periódico cuando me meto en la cama, me quedaba asombrado con lo deprisa que leía. Nombraba una novela una tarde y a la mañana siguiente la había terminado.

Usted tenía fama de ser el político más culto de su generación. ¿Eso iba en su favor o en su contra?
Yo creo que se veía con indiferencia.

Este año toca aniversario del 68.
En 1968 estaba en Madrid, era PNN, profesor no numerario de Derecho del Trabajo en la Complutense. Así que me interesó sobre todo el aspecto sindical.

Pero el 68 fue una cosa de estudiantes burgueses que no enganchó a la clase trabajadora, ¿no?
Se sumaron después. A ver, los sindicatos nunca han tenido el objetivo de hacer la revolución. Y lo mismo pasa con los partidos socialdemócratas, que llevan optando por la vía de las reformas desde la II Internacional. Digamos que el movimiento obrero tuvo el olfato de aprovechar el 68.

¿Y dónde estaba usted en 1968, políticamente?
Yo me identificaba como socialista desde octubre del 62, que me fui un año a Florencia y viví una experiencia democrática y cultural maravillosa. En 1968, participaba en un club de opinión que montó José Antonio Gavilanes y que nos fue conectando a los que estábamos en el socialismo independiente con las otras familias del socialismo: el exilio, Tierno… Nos reuniamos en el despacho que tenía en Rodrigo Uría hijo en Núñez de Balboa y queríamos crear una revista de pensamiento independiente del Partido Comunista. Aportamos dinero pero la revista nunca salió.

¿Nunca se le ocurrió hacerse comunista?
Nunca. Yo me identificaba con los suecos, con los alemanes, con los franceses, no con los comunistas… Pero nunca fui anticomunista, precisamente porque en Italia los socialistas y los comunistas convivían y colaboraban. Cuando el PCE fue excluido de las conversaciones de Múnich no me gustó y por eso no me integré en el PSOE de Toulouse.

El PCE ganó el franquismo pero perdió la Transición.
A mí también me sorprendió. Felipe decía que eso fue por la memoria histórica. Que la gente votó con el recuerdo de lo que cada partido había representado en la República y en la Guerra.

– Ahora, la socialdemocracia, que parece una manera tan razonable y flexible de ver el mundo, va perdiendo elecciones por todas partes.
La derecha se ha hecho inteligente y ha arrebatado muchos de los objetivos de la socialdemocracia. El caso más claro es el de Alemania. Merkel, Adenauer, Kohl… Ellos se quedaron con el estado del bienestar que era nuestro signo de identidad. Ahora hay otros problemas. La crisis económica ha creado confusión sobre quién es culpable de que se haya perdido ese estado bienestar. Algunos se han radicalizado, otros, no… Pero hay experiencias socialdemócratas de éxito recientes: Portugal. Hasta los en el PSOE ignoramos cómo ha gestionado Portugal la crisis con gobiernos socialdemócratas con condiciones muy difíciles.

Cuando usted anunció que era homosexual, ¿quién había salido del armario ya en la política española?
No sé si Iceta ya había salido. Desde luego que fui el primer ministro.

Estoy seguro de que aquel día recibió afecto de todo el mundo. ¿O no?
Sí. Fue septiembre u octubre de 2000. Yo era senador y Esperanza Aguirre era la presidenta del Senado. Me acuerdo de que me mandó un tarjetón de felicitación.

Tampoco era ningún secreto, antes.
Para mucha gente, sí. La sociedad democrática postfranquista era aún represiva, con muchos hábitos homófobos también en el PSOE. Había mucho no querer ver. Dar el paso hizo que mucha gente del partido se quitara los pelos de la cara y aceptara que la identidad sexual es una cuestión privada.

El PSOE se adelantó a Izquierda Unida con los colectivos gay.
Porque el PCE tenía una muy herencia puritana y muy homófoba. Aunque no era exclusiva, el PSOE también la tenía, pero nos la quitamos antes.

Las Palmas de Gran Canaria era un buen sitio para ser homosexual.
Siempre lo fue: una ciudad abierta, sin aduanas, portuaria, mercantil, con turismo. Teníamos el Parque Santa Catalina que era un sitio lleno de ambigüedad y de misterio… Cuando me fui a vivir a Madrid, tenía que escaparme a Valencia o a Lisboa.

Cuando se dice que España es un país que no está del todo mal, siempre se sacan esos estudios que nos retartan como al país menos homófobo de Europa.
Es difícil saber qué ha ido bien para pasar de la cerrazón a ser los más tolerantes. A mí me ha sorprendido: la sociedad conservadora española fue terriblemente intransigente cuando apareció la ley de matrimonio homosexual. Y tres años después, nos hemos encontrado a toda la buena sociedad celebrando matrimonios entre homosexuales con toda la alegría del mundo. Bienvenidos sean.

¿Se acabará antes al homofobia que el machismo?
Bueno, yo estoy muy de acuerdo con la opinión de las franceses, con Deneuve. Esta sociedad es tan mediática que es difícil poner los límites de lo apropiado y lo inapropiado. A James Levine [director de orquesta del Metropolitan] le ha salido un profesional, un chulo porque esa es la palabra que lo define, que ligó con él hace 30 años… ¿Denunciarlo es una pacatería o es verdad que es un caso de delito? No lo sé y parece que no tenemos tiempo de mirar las cosas con perspectiva. Y, en cualquier caso: ¿eso que tiene que ver con el trabajo que hace Levine, con la música y con el arte? ¿Voy a dejar de poner sus discos? Creo que no.

Usted fue ministro de Educación. Y ahora, la educación es la medida de todas las frustraciones de España. ¿Cuál es el problema?
Se ideologizaron temas que no debían ideologizarse. La educación en ciudadanía es un ejemplo. La Formación Profesional es otro. Nos centramos en debates ideológicos en vez de crear una formación profesional como la de los alemanes. Eso no es un tema ideológico, debería ser algo obvio en el que todos podríamos pactar y trabajar para mejorar los errores que se revelen.

Le gustó más la época de Educación que la de Administraciones Públicas.
Sí, claro, Administraciones Públicas era muy técnico y, además, em tocaron años de crisis, un poco antipáticos. Lo hacía bien porque había sido presidente autonómico y el tema de las transferencias lo conocía bien… En cambio, en Educación aprendí muchas cosas. Y luego estaba el deporte. Induráin ganó el Tour a los cinco días de tomar posesión. Y, claro, a París. Luego, Conchita Martínez ganó en Wimbledon y a mí me puesieron en el palco con la duquesa de Kent. Una cosa…

Hace tres años, parecía que el PSOE se iba autodestruir como UCD. Hoy, parece más autodestructivo Podemos que el PSOE. ¿El PSOE es eso de hombre enfermo, hombre eterno?
El PSOE no es un hombre enfermo; tiene enfermedades pero no es un enfermo crónico. Sus catarros, sus gripes, algún momento de neumonía…

Alguna depresión.
Pero los ha superado con autocrítica. Y nos hace falta todavía más autocrítica y menos listas negras. Y nos falta más debate y más formación. Hay gente que llega a concejal sin estar bien formada, sin haber pasado por un proceso de selección que escoja a los mejores… Hablo del PSOE y de todos los partidos en general. Hubo un momento en España en el que los estudiantes listos se iban a la empresa y los que no eran tan listos, entraban en política, buscaban un sitio en las listas. Ha sido un problema gravísimo.

¿Felipe o Zapatero?
Para mí no hay duda, Felipe.

LA ÚLTIMA PREGUNTA: He visto que fue los Jesuitas. Claro, ¿a qué otro colegio habría podido ir si no?
12 años. Ojo: a los jesuitas vascos. El colegio de Canarias pertenecía a la provincia vasco-navarra y los jesuitas venían del País Vasco. Gente del interior, muy influida por el nacionalismo… Aprendí a cantar el Himno de San Ignacio en euskera. ¡En Las Palmas, en los años 40! Se lo conté a Arzalluz y se quedó asombrado. A mí me influyeron mucho políticamente.

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