El gran hundimiento del Real Madrid

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Cristiano y Modric, tras encajar el gol del Villarreal. Kiko HuescaEFE

El madridista aturdido, el que no entiende lo que le está pasando a su equipo, debería saber, por si acaso le sirve para aliviarse un poco, que esta temporada el cuarto clasificado en la Liga tiene plaza directa para la próxima Champions, sin pasar por la engorrosa fase previa de agosto. La información de servicio es necesaria por el paso a trompicones que lleva el último campeón, clavado ahora mismo en una posición impropia, más cerca de los equipos que irían a la Europa League que de los tres primeros, aunque le falta un partido por jugar. El Villarreal, su verdugo el sábado -primera victoria en Chamartín-, le suelta el aliento a un punto y el Sevilla le puede empatar en la cuarta plaza. Ni los vaticinios más pesimistas le situaban a tal distancia del Barcelona con 19 partidos disputados, es decir, al final de la primera vuelta. Si el líder gana en Anoeta, serán 19 puntos de desventaja, uno de sangría respecto a los azulgrana por cada jornada. El Madrid se queda en 32, su peor cifra desde la 2005/06, cuando llevaba dos menos.

Pero así es el fútbol y así es el Real Madrid, capaz de tirarse por el barranco de la Liga en enero, con hinchas todavía haciendo cola en la puerta del museo para fotografiarse con el último trofeo conquistado, hace menos de un mes. El quinto de 2017. «No tengo explicación», reconoce Zinedine Zidane. El entrenador que llegó a lucir, en sus días de vino y rosas, más títulos que derrotas no encuentra ahora la respuesta a una racha espantosa de resultados en la Liga. «Tenemos muchas ocasiones y no entra. Puede ser mental», se plantea, antes de lanzar una solución a los males: «Hay que ganar un partido, con una victoria todo cambiará», dice a la vez que hace con las manos el gesto de girar una llave en la cerradura, convencido de que un triunfo modificará las cosas. No fue así con el último liguero, ante el Sevilla en el puente de diciembre, vistoso y goleador (5-0 al descanso). Desde entonces, dos derrotas y un empate.

Este Madrid exagerado, aparatoso en el triunfo y en los barrigazos, protagonizó un nuevo episodio de frustración sobre el césped, de más a menos durante los 90 minutos como le pasó en el clásico o en Balaídos, torpe en ataque y débil en defensa, sin soluciones desde el banquillo ante el evidente bajonazo de juego, energía y confianza. Los jugadores que siguen brotando en los mejores onces de 2017 parecen ahora envejecidos unos y ofuscados otros, imprecisos los jóvenes y cansados los veteranos. No jugaron mal, pero sin uñas arriba. Un colapso que tiene situado al equipo en una posición de bochorno en la tabla, y con pocos argumentos para la esperanza en las otras dos competiciones que aún podría conquistar. Hasta el Leganés en la Copa parece un hueso para este Madrid desnortado. No digamos ya el PSG de Neymar y Mbappé en los octavos de la Champions (justo en un mes). La caída es en picado, a pesar de las constantes muestras de aprecio de Zidane hacia sus hombres. Los titulares le volvieron a fallar, pero él no les señala. «No tengo nada que reprocharles», repite mientras su equipo pierde puntos cada jornada, incapaz de ganar a casi nadie y frágil de moral. Fichajes no quiere y sigue manteniendo la confianza en el once titular.

Silencio incómodo

Un hundimiento inesperado, insólito, que tiene a la afición a cuadros. Ante el Villarreal, con 0-0 en el minuto 75, el Bernabéu no bramaba por el gol ansiado como otros días hace no tanto, cuando todo el mundo -también el rival- sabía que terminaría llegando. Esta vez, la esperanza por el buen arranque de los suyos dejó paso a la desesperación, al silencio incómodo después y a la decepción cuando marcó el Villarreal. Ni la fe conservan ya las gradas en los milagros épicos del minuto 90. No hubo hiperpitada, más triste el personal que encendido de bronca. Muchos ya no estaban, circulando hacia la calle bajo la lluvia con el gol de Fornals. Al menos fue él y no Denis Cheryshev, que bien pudo hacerlo tras el descanso en la mejor ocasión de los suyos hasta ese momento. No entró, pero el susto se clavó ya en el ambiente.

Hubiera sido duro el gol del futbolista que protagonizó la situación más estrambótica del club en los últimos años. Aunque tampoco le hubiera extrañado a nadie, atendiendo al guión de la temporada y al del propio partido, con la puntería encerrada en una caja fuerte dentro del vestuario. El puñado de buenas ocasiones falladas y algún penalti obviado por Undiano Mallenco (una mano en jugada de Bale y un toque a Cristiano por detrás) colocaron la cita en ese punto de cocción siempre tenso en el Bernabéu esta temporada, tan cerca el gol propio como del ajeno y con la amenaza de un nuevo disgusto. Viajaban los blancos sin enfado del público gracias a su buena actitud en la primera parte, volcados sobre el área amarilla tras comenzar a medio gas. Pero a al Madrid le cuesta horrores ver puerta, y así todo es muy difícil en este deporte. No estaba Karim Benzema para echarle la culpa. Carvajal, como su entrenador, no encuentra explicación al petardazo: «Entrenamos fuerte, bien, y el equipo está fresco. Es difícil dar con la tecla. Ninguno desde dentro sabemos lo que pasa. No es falta de actitud. Es complicado, somos la misma plantilla que el año pasado, planteamos los partidos de la misma manera, salimos con las mismas ganas, pero no entra». «Falta de actitud no es», apuntó Nacho Fernández en el análisis posterior a la cuarta derrota liguera.

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